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sábado, 7 de agosto de 2010

Miss simpatía

Ayer pasa un antiguo jefe de Nuria por su trabajo, saluda al personal simpáticamente (no lo quiere nadie) y cuando llega a Nuria:

-¡Marc, qué alegría verte!- exclama ella.
-¿De veras?- pregunta el boludo este, entre sorprendido y halagado.
-No, hombre, que estoy de coña...

miércoles, 7 de julio de 2010

La fiesta catalana

España en la final: tiraron cuatro petardos.

Seguramente el resto se los fumaron.

domingo, 4 de julio de 2010

Medusas

Las medusas son como unas gelatinas transparentes de tamaño variable entre el de una galletita "porteñita" y un long play de los de antes. Por lo menos las que yo ví están entre esos dos tamaños. Se las encuentra en el mar, a veces.

Me acabo de enterar.

-Ojo que hay medusas... - suelen advertir los bañistas en las playas de Barcelona, algunas tardes de verano.

Yo estaba convencido de que las medusas eran minas en bolas.

sábado, 3 de julio de 2010

¡Uruguay que no ni no!

Qué manera desesperada, agónica y -aunque no en un sentido estrictamente futbolero, sí en sentido artísitico- latinoamericana de pasar a la semifinal.

Latinoamericana tal como lo veía Cortazar, generadora de esa mezcla de admiración y estupefacción con la que los europeos asisten a nuestra literatura, nuestra música, nuestro cine, etc.

Pero no me distraeré más con esto que en tres horitas empieza el partido de argentina, así que voy a empezar a cortar salamín , no vaya a ser cosa que me quede corto.

lunes, 5 de abril de 2010

domingo, 4 de abril de 2010

Aguante España

En el momento tremendo en que uno empieza a sentirse viejo y fracasado, cuando asume sinceramente su condición irreversible y decide no calentarse mucho, vienen los gallegos a contarte todo lo contrario:

-¡Sos Gardel!- te gritan con inverosimilitud las estadísticas más confiables.

Y te lo confirman en el día a día los que no han sabido fracasar con altura: los que tiran de los créditos para comprar boludeces, los que hipotecan el alma para cambiar el auto cada dos años, los que ganan un mango y gastan dos, y tiran de sus familias para llegar a fin de mes.

Aparentemente acá, en estas tierras, Gerardo Sanagoria, que se acerca de a poco pero peligrosamente a los cuarenta, soltero, sin trabajo fijo ni ocupación sospechada aunque aceptable violinista y dramaturgo excepcional, aficionado a las artes y a los copetines, paciente de insomnio y otras patologías nerológicas, es ni más ni menos que -no te lo pierdas- un JOVEN EMPRENDEDOR y hasta GANADOR.

Lo de "joven" viene de que en España, único lugar del mundo en el que -imagino- ocurre, la juventud dura hasta los cuarenta. Lo de "emprendedor" se debe a que ya no dependo económicamente de mis padres (situación que por lo visto aquí no se da antes de los setenta y cinco años). Lo de "ganador" es aún más confuso. En tiempos de crisis supongo que cualquiera que más o menos vaya zafando merece ese calificativo.

Menos mal que existe España. Acá logran que cualquiera que esté al borde del suicidio consiga sentirse todo un ejemplo.

sábado, 20 de febrero de 2010

Virtual A3

Por fin un anuncio como la gente.

Algo que no soporto de acá es la publicidad. En realidad no me gusta en ningún lado, pero si no hay más remedio, al menos que traten de venderte algo con un mínimo de creatividad y simpatía.

Las propagandas que más me enferman (y que gozan de muy buena salud, lamentablemente) son esas construidas en forma de diálogos imposibles en las que dos amigos se encuentran y uno muy pelotudo le empieza a preguntar al otro, también muy pelotudo pero (supuestamente) más en tema sobre la tarifa de teléfono o de internet o de lo que sea. Y el otro le explica a veces hasta por teléfono, repitiendo inecesariamente cada cuatro palabras el nombre del producto a vender, sin ton ni son.

Algo tremendo. (Otros anuncios infumables son los de telefónica, esos con letreros que van cambiando al ritmo absurdo de canciones concebidas para mí que por un mono, un mono que además intentara cantar la letra de Sympathy for the devil en la melodía del Payaso Plimplín, por ejemplo, cortando o estirando las sílabas con resultados siempre lamentabes: "el-al-ta-de-li-nea_gra-ti-ís-é-és"). No sólo hay gente que desarrolla este tipo de laburos, sino que además hay otros que lo aprueban y otros que pagan millones para que se distribuya por todos los canales de todo el país.

Algo que está muy por encima de mi entendimiento.

Por eso celebro cuando de pedo veo en la tele un anuncio como el del Audi A3, decime si no está bien.

lunes, 15 de febrero de 2010

Una cosa menos

Hará un par de meses empecé un trámite en la otra punta de la ciudad. Cuando volvía, a unas ocho cuadras de casa, hice cagar la bicicleta.

Por suerte estaba llegando, ya, así que no me calenté mucho. Pasaron unos días y la mandé a arreglar.

La bici la había comprado hará un par de años, y hace uno le había tenido que hacer un arreglo que me costó el 20 % de su valor.

Esta vez el arreglo valió el 80%. Me dije que la próxima vez que se rompiera la tiraba a la mierda. Con que durara al menos otro año me daba por hecho.

Y esta mañana me levanto al alba, porque debía terminar el trámite del que hablé al prinicipio, tenía hora a las 8:30 en la otra punta de la cuidad, salgo tempranito, un frío de cagarse, voy a buscar la bici y me la habían choreado: los dos candados cortados en el suelo.

Por suerte al lado había una del bicing suelta, así que la cacé y me fuí hasta Zona Franca.

No me amargué en absoluto por el choreo, más bien al contrario.

Una cosa menos de que ocuparme.

(El trámite era para canjear el carnet de conducir, aunque no tengo ningún interés en comprar un auto)

martes, 26 de enero de 2010

Butaneros

Parece mentira que una sociedad que se supone civilizada tolere los métodos de trabajo del "butanero".

No se puede creer, loco.

El tipo a las nueve de la matina deja el mionca en una esquina y arranca su recorrida a pié por las calles del barrio con un carrito lleno de garrafas (o bombonas, como las llaman).

El problema es que va dándoles golpes cada quince segundos con una pinza tipo "pico de loro". Le da con todo, el hijo de puta. Va haciendo un quilombo que lo querés matar. Si fueran cinco minutos no pasa nada, pero se la pasan hasta las cinco de la tarde los culiados.

Los sábados también.

Para peor ayer tuve que ir a diversos lugares del barrio y parecía que el conchudo me venía siguiendo. Salía de la ferretería y ahí estaba el butanero haciendo quilombo. Me meto estratégicamente en el café, para perderlo, salgo, hago media cuadra y otra vez. Arranco para atrás, renuncio al Mercadona en beneficio del Condis sólo para perderlo de vista (y oídos). Y vos sabés que salgo del súper y ahí está el hijo de puta, tocando la garrafa a todo trapo.

A lo mejor era otro, son todos muy parecidos (vienen de Paquistán). Pero me resulta increíble.

Para peor no reparan en la gente de su alrededor. Te pasan por al lado y se ponen a golpear la garrafa.

-A que te doy una hostia...- le dije con tono firme haciendo un gesto de revés con la derecha; y todavía se lo toma a mal.

Parece mentira que una sociedad que se supone civilizada no les haya obligado por ley a gritar, tan sólo en las esquinas un pregón del estilo:

-Buuutanerooooooooooooooooo

viernes, 15 de enero de 2010

Quim Monzó

Qué garrón.

Acabo de ver a Quim Monzó en el programa de Buenafuente.

Yo no lo tenía junado, pero leo las columnas que publica en La Vanguardia y lo tengo como un tipo piola

Pero cuando en lugar de leerlo lo ves, te querés matar.

Parece boludo, pobre Quim. Tiene unos tics nerviosos horribles. No puede dejar de cerrar los ojos, apretándolos insistentemente y moviendo la jeta como acomàñamiento. Un espanto.

Claro que tratándose de un escritor al que uno lee en un papel sin más gestos que los de la imaginación no debería tener ninguna importancia.

Pero entonces ¿para que se presta a aparecer en la tele?

domingo, 15 de noviembre de 2009

Little Shakespeare

Ayer me contaba Javi que Roberto Gomez Bolaños, antes de ser guionista y actor y quizá productor del Chavo, ya tenía mucho laburo escribiendo obras de teatro y televisión. Me dijo que era un gran dramaturgo. Lo de gran no sé si me lo dijo por el talento o por la cantidad de material.

De ahí el apelativo Chespirito, que viene a ser un diminutivo de Shakespeare.

Me pareció un dato interesante.

A Nuria en cambio no.

jueves, 12 de noviembre de 2009

Televisión II

Y al final la tele se salvó por lo pelos. O más bien porque yo soy un boludo, un tipo incapaz de tomar una determinación tajante. Ahí está, en mi mesita, muerta de risa.

A Nuria la había conocido un par de semanas antes, en la galería de Phillip Raneur. Fue durante la inauguración de una exposición de pintura a la que yo había ido supongo que exclusivamente para ver a Ciriano. No solo su obra, tenía la esperanza de verlo a él.

Alejandro Ciriano es un pintor argentino de nuestra edad que vive en Barcelona desde hace algunos años. Supe de él por un equilibrista, que en los días previos (a lo mejor a raíz de aquella exposición, no me acuerdo), me había hablado de sus cuadros y de su personalidad un poco insólita. A mí me había parecido que sería bueno conocerlo y me mandé a ver sus pinturas. Había cuatro.

Nada que ver con el resto de pintores de la muestra. Eran cuadros muy simples los de Ciriano.

Me gustaron.

Mientras tanto morfaba canapés y escabiaba champán, porque la inauguración venía a todo culo (el que puso la mosca pensaba vender todo, no cabe duda). Y en eso me fijé en Nuria. Creo que ni miró los cuadros. Estaba campaneando todo el tiempo para la puerta, como esperando que llegara alguien. Salía a fumar y volvía a entrar con ese aire de mina enojada que con el tiempo iba a conocerle tan bien.

Me la crucé afuera. Salí a fumar y al ratio ella volvió a asomarse.

-Te noto inquieta- le dije sin mirarla, dándo una última pitada larga al cigarrillo y tirándolo con maestría poco más allá del cordón de la vereda. Entonces me di vuelta para mirarla. Se había quedado petrificada. Fueron unos segundos, probablemente, pero resultaba evidente que mi observación la había descolocado por completo. Y de pronto se rió. Pero se rió de verdad, con toda franqueza; una risa que apenas volví a disfrutar algunas veces desde entonces, cuando está de muy muy buen humor. Estaba más linda que no sé qué.

Yo estaba preocupado porque creí que tendríamos que hablar de pintura, y yo de pintura sé poco. Pero no sería un impedimento para que pudiera chamuyar durante horas si quería levantarme a una mina, pensé.

Pero no. No hizo falta, porque hablamos de cualquier cosa, creo, menos de pintura. Y me di cuenta de que le había caído bien. No digo que me di cuenta de que estaba loca por mí (ni siquiera me di cuenta de que estaba loca, enamorarse de mí podía llegar a parecerme razonable, en aquellos días), sino de que en una de esas había alguna posibilidad.

Y la hubo.

Durante unos días quedamos para tomar algo, entre una cosa y otra, cada uno en sus actividades. Pero nos juntábamos y siempre había algún extraño, como pelotudamente se acostumbra en esos casos. Algún compañero suyo, alguna amiga. Hasta que un día (habrían pasado dos semanas) le dije que salieramos de verdad, a tomar algo y charlar y pasar todo el tiempo que quisiéramos sin tener que interrumpir para hacer nada después, ni siquiera ir para mi casa o la suya. Quedamos a las ocho.

Volví a casa temprano, me pegué una ducha, me volví a afeitar, me serví un whisky a modo de aperitivo y puse a todo volumen una canción de Sabina que me pareció muy apropiada: "Esta noche contigo".

Estaba tan contento de salir con ella esa noche... Después, la salida no estuvo mal: fuimos a comer, paseamos por la noche tranquila, charlamos mucho y nos dimos algunos besos torpes. Después cojimos.

Pero lo más lindo fue la preparación de la noche, esa ilusión enorme, lo bien que me sentía mientras escuchaba a Sabina y tomaba un whisky y pensaba en Nuria.

En todo esto pensaba anoche, mientras hacía el arroz, después de haber grabado mi mensaje en su contestador. Pensé que a lo mejor la mía era una reacción desmedida, pobre. Al fin y al cabo ella pensó (no sé por qué) que a mí podía venirme bien una tele.

Fue un bajón.

Y entonces sonó el timbre. Entró a casa llena de dignidad. No estaba enojada. La noté más bien confundida. No dijo nada. La ayudé a levantar el aparato y se lo pasé, sin darle la opción a que se quedara o a que discutiera, nada, se lo pasé para que se lo llevara de mi casa. Me gustó no verla enojada.

Y me conmovió ver que los ojos se le estaban inundando, de a poco.

Así que le pedí disculpas, vacié otra vez la mesita y le clavé la tele, ahí donde la ves. El potus se lo regalé.

Ella armó un porro. Fumamos los dos (no suelo hacerlo. Ella sí, todo el día). Nos empezamos a reir y a llorar y al final terminamos viendo una serie que se llama "El mentalista" de la cabeza.

Antes de dormirme me dije que un televisor no tiene nada de malo si es capaz de generar afecto entre las personas.

(Lo que no sé es dónde voy a meter los libros).

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Televisión

De dónde sacó Nuria que podía venirme bien un televisor es un enigma. Pero un día apareció con el aparato, convencida de que me solucionaba la vida.

Alquilo un departamento chiquito y soy muy celoso del espacio. Pero no le dije nada. Caché la tele y -agradeciéndole hipócritamente- la puse en un rincón, la pantalla mirando a la pared, no fuera a ser cosa que se le ocurriera prenderla.

Como a la semana pasó por casa y la tele seguía donde yo la había dejado. Es un poco exagerada, ella:

-¿No has encendido la tele en quince días? ¿para qué coño te la he traído?
-Es lo que yo me preguntaba
-Pero, tío, si la tienes en el suelo y del revés ¿cómo se te va a ocurrir encenderla?- preguntó ya con el aparato en brazos y amagando transportarla a una mesita en la que tengo libros y un potus -A ver Gerardo, por favor, que esto pesa. ¡Quítame eso de ahí!

Tuve que sacar mis libros y mi planta para hacerle lugar. Y todo por no querer herirla, tan entusiasmada estaba con la puta tele. Cada día me repito tres o cuatro veces que soy un boludo, pero desde que llegó el televisor me lo digo cada dos minutos. Viene Nuria y lo prende. Aunque no vea nada, ahí está el televisor prendido, molestando permanentemente. Yo me hago el boludo, lo apago y me pongo a hablar con ella, y así aguanta un rato apagado. Pero cuando viene con alguna amiga, lo prenden y se ponen a hablar boludeces, y ya no son solo sus voces las que me aturden, sino también las de los programas de chusmerío que resuenan en la casa, por más que uno intente aislarse. Es que alquilo un departamento chico. Por eso soy tan celoso del espacio.

Ahora me calenté, volví la tele a su rincón y devolví mis libros y mi potus a su lugar. El aparato esperará ahí hasta mañana, que es el día de sacar muebles y electrodomésticos a la calle. Para no portarme como un malagradecido acabo de dejarle un mensaje a Nuria:

"Si querés volver a ver tu televisor pasá por casa antes de mañana a las ocho de la noche. Primer y último aviso".

Con voz terminante, lo grabé.

martes, 10 de noviembre de 2009

Modismos

Otra que tampoco entiendo es "manda co'one".

Es una especie de queja, pero imposible encontrar equivalencias.

La etimología también es un misterio.

lunes, 9 de noviembre de 2009

Post de denuncia

Cómo cambió el clima. No me acostumbro. Hoy tuve una reunión, a las dos de la tarde, y no pensé que se iba a alargar tanto. Para la hora que era fui preparado. Un polóver. Pero se alargó.

Y no sólo que se alargó. Además la semana pasada nos cambiaron la hora, supongo que con el fin ecológico de que gastemos más energía, porque a las seis de la tarde ya es noche oscura. Y serían las seis menos cuarto cuando salí de la reunión.

Completamente al pedo, porque no saqué nada en claro. Creo que ni ellos tenían nada claro. En fin, ya me avisarán, cuando se entiendan.

El caso es que salgo de la oficina de estos boludos y no solo era prácticamente de noche (entré un mediodía espléndido) sino que además hace un frío de cagarse. Cruel.

En general me la banco, pero estaba muy frío, así que me metí en una especie de supermercado pero donde sólo vendían pilcha. Uno de esos que ahora hay por todos lados, no hablo de un lugar extraño. Como si te dijera Hache y Eme, Ce y A, Primarc, uno de esos.

Me mando directamente a los abrigos. No sabía bien qué buscaba, cualquier cosa barata que me abrigara hasta llegar a casa. De golpe veo flor de campera a nueve mangos. Para que te des una idea, te cuento que es el equivalente a tres paquetes de puchos. De los baratos, de malboro o esas marcas chetas son dos. Entre paréntesis, nunca entendí a los que fuman esas marcas chetas.

Entonces me la llevé puesta la campera. Salí todo abrigadito pensando con gratitud en los estupendos niños chinos que trabajan en sótanos terribles ochocientas horas al día, en condiciones infrahumanas para que en occidente la vida no sea tan difícil.

Qué macanudos.

viernes, 6 de noviembre de 2009

Recetas irracionales

Tremenda descompostura, me agarré. Para mí que fueron las tapitas de marisco que nos tomamos anoche. Estarían en mal estado. Aunque a Nuria se la ve diez puntos. Andá a saber lo que habrá sido. Lo increíble es la solución que me plantean. Me recomiendan "Orujo de Hierbas", una especie de aguardiente, y para peor verde.

-No creo que sea muy bueno para la panza, eso -digo con cierto recelo -lo verde nunca es bueno en casos de descompostura.

-Bébete un chupito y verás lo bien que te hace- insiste Nuria.

-Además debe tener como cuarenta grados de alcohol- me defiendo- No puede ser muy bueno en mi situación.

-¡Anda, bébetelo! Mi padre siempre lo ha bebido cuando estaba mal del estómago- me dice como si eso fuera un argumento irrefutable. Es increíble.

-¡Pero tu padre murió de cáncer de colon a los cuarenta y seis años, boluda!

Cacé el vasito y se lo dejé en el rincón a Mundo, pero tampoco lo quiso. Nuria se calentó.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Fotografía digital

Nuria me regaló una cámara digital. Salen unas fotos bárbaras. Antes era más complicado.

Hace años tuvimos que hacer unas fotos para un folleto, en Buenos Aires; un laburo que consiguió el gringo Dotti. Me acuerdo que me dio una cámara de las antiguas, esas que se desarman todas, le cambias el porongo que tienen adelante, me parece que se le dice "lente"; medio plateada era, creo. O más bien gris.

-¿Sabés usarla?- me preguntó el gringo.

Yo no había sacado una foto en la vida, pero me pareció que era una boludez. Enfocar, apretar el botón y a la mierda. Me pasé la tarde haciendo fotos, las mandé a revelar y al día siguiente las pasé a buscar. Tenía que encontrarme con el gringo para elegir las que nos gustaran.

En el camino las empecé a campanear y me quería morir. Ni una sola foto linda había sacado. Ahí me di cuenta que el gringo sabía una barbaridad de fotografía.

-Boludo, no sé que me pasa en la mano- le dije, dándole el sobre lleno de fotos pésimas para que lo corroborara él mismo- me salieron todas movidas- le adelanté.

El gringo las junaba una por una, desalentado. Cuando terminó las devolvió al sobre, lo tiró arriba de una mesita ratona y me explicó:

-No te pasa nada en la mano, Gerardo. Tenés que cerrar un poco el orturador.

Al principio creí que me quería decir que era un bocón, que no me hubiera hecho el que sabía. Pero enseguida se puso a mostrarme un par de roscas que tenía su máquina, con numeritos y signos.

Ahora estaba tratando de encontrar esas funciones en mi radiante cámara nueva pero no las encontré. Menos mal. La fotografía se ha simplificado mucho en los últimos años. Ahora apretás un botón y te sale una foto de la gran flauta. Además la ves ahí al toque, inmediatamente.

Si no te gusta la borrás y sacás otra.

martes, 27 de octubre de 2009

Autoestima

Hay algunos vagos que se sienten irresistibles cuando las minas los miran con insistencia. Yo no.

Si alguna mina me campanea, lo primero que hago es corroborar que no tengo la bragueta abierta. Convencido, me doy a pensar en otras posibles causas de estar haciendo el ridículo, como ser que me haya cagado una paloma y no haberme dado cuenta, tener descocido el pantalón en el culo, ese tipo de cosas que podrían justificar las miradas.

Y no se vayan a creer que es porque tengo la autoestima baja. Para nada. Me tengo en buena estima. Sólo que no se me ocurre que una mina se va a quedar junándome por la pinta bárbara que tengo. Más bien -y aunque a mis treinta y cinco- tengo bastante presente esa canción tremenda que cantaba Gardel.

domingo, 18 de octubre de 2009

Malherido

Estoy profundamente herido y lejos de casa. Y cuando digo lejos de casa estoy hablando de más o menos unos quince mil kilómetros, creo. Cuando digo profundamente herido, hablo de una herida de magnitud parecida.

Porque en el mismo objetivo se han juntado mi odio más violento y mi amor más desesperado: la selección argentina es el foco de mi amor, y el nefasto Diego Armando Maradona el de mi odio.

Después del partido con Uruguay, un país hermano, histórico y digno representante del mismo fútbol rioplatense en el mundo, después del aburridísmo clásico del miércoles, después de comerme noventa y pico de minutos sin una puta jugada de riesgo, después de haberme maldecido durante todo el partido por haber salido de casa desesperado a buscar un bar en el que lo transmitieran, para peor en la loma del culo y a las doce de la noche, después del partido con Uruguay, decía, enderecé rápidamente para casa, con un embole de los grandes por el partido de mierda y con una cierta alegría por la penosa victoria. Antes de irme alcancé a ver a los jugadores festejando como si hubiesen salido campeones del mundo. También me pareció ver a Maradona revolcándose por el piso, en un acto que pretendía -me dio la impresión- exteriorizar su felicidad.

Como ya no pasaba el metro a la hora en que acabó el partido me fui caminando, mientras pensaba con optimismo que a lo mejor Maradona recapacitaba y se las tomaba oportunamente. “He cumplido mi objetivo, que era clasificar a la selección para el mundial”- imaginaba yo su ceremonioso discurso- “A partir de este momento dejo mi puesto a disposición de alguien que sepa como se hace este laburo; porque está visto que conmigo estamos perdidos”. Y tras una pausa agregaría: “No me cuesta gran cosa reconocer que si entramos fue de puro pedo.”

Así llegué a casa contento, y mientras preparaba el arroz me puse a buscar candidatos al puesto vacante. Se me ocurrieron varios.

Cuál no sería mi estupor cuando el jueves escucho las declaraciones de ese hijo de mil putas. Lejos de recapacitar, y en apariencia convencido de que había hecho un partido extraordinario, se agrandó por la clasificación y me desayuné de que no sólo no se va, sino que además está gritando a los cuatro vientos todo tipo de groserías. La que más le gusta repetir es que le chupen la pija, o algo así.

Y yo me quedé vencido. Acabado. En ruinas. Porque si estuviera en Argentina, con cuarenta millones de boludos alrededor cantando “vamos vamos argentina vamos vamos a ganar”, me resultaría seguramente muy fácil repudiar a la selección durante el mundial, o durante el tiempo que esté a cargo de ella el infeliz de Maradona. Pero acá, a como quince mil kilómetros de distancia, rodeado de gallegos cuya selección está jugando lindo y ya se creen campeones, hay algo adentro mío que salta, salta, salta y golpea a un ritmo que conozco, un ritmo que suena a “vamos vamos argentina, vamos vamos a ganar”.

La reputa madre que lo parió. No sé para dónde agarrar. Estoy profundamente herido y lejos de casa. Porque en el mismo objetivo se han juntado mi odio más violento y mi amor más desesperado: la selección argentina es el foco de mi amor, y el nefasto Maradona el de mi odio.

De todas maneras, me parece que el odio tira más.