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miércoles, 11 de noviembre de 2009

Televisión

De dónde sacó Nuria que podía venirme bien un televisor es un enigma. Pero un día apareció con el aparato, convencida de que me solucionaba la vida.

Alquilo un departamento chiquito y soy muy celoso del espacio. Pero no le dije nada. Caché la tele y -agradeciéndole hipócritamente- la puse en un rincón, la pantalla mirando a la pared, no fuera a ser cosa que se le ocurriera prenderla.

Como a la semana pasó por casa y la tele seguía donde yo la había dejado. Es un poco exagerada, ella:

-¿No has encendido la tele en quince días? ¿para qué coño te la he traído?
-Es lo que yo me preguntaba
-Pero, tío, si la tienes en el suelo y del revés ¿cómo se te va a ocurrir encenderla?- preguntó ya con el aparato en brazos y amagando transportarla a una mesita en la que tengo libros y un potus -A ver Gerardo, por favor, que esto pesa. ¡Quítame eso de ahí!

Tuve que sacar mis libros y mi planta para hacerle lugar. Y todo por no querer herirla, tan entusiasmada estaba con la puta tele. Cada día me repito tres o cuatro veces que soy un boludo, pero desde que llegó el televisor me lo digo cada dos minutos. Viene Nuria y lo prende. Aunque no vea nada, ahí está el televisor prendido, molestando permanentemente. Yo me hago el boludo, lo apago y me pongo a hablar con ella, y así aguanta un rato apagado. Pero cuando viene con alguna amiga, lo prenden y se ponen a hablar boludeces, y ya no son solo sus voces las que me aturden, sino también las de los programas de chusmerío que resuenan en la casa, por más que uno intente aislarse. Es que alquilo un departamento chico. Por eso soy tan celoso del espacio.

Ahora me calenté, volví la tele a su rincón y devolví mis libros y mi potus a su lugar. El aparato esperará ahí hasta mañana, que es el día de sacar muebles y electrodomésticos a la calle. Para no portarme como un malagradecido acabo de dejarle un mensaje a Nuria:

"Si querés volver a ver tu televisor pasá por casa antes de mañana a las ocho de la noche. Primer y último aviso".

Con voz terminante, lo grabé.

lunes, 9 de noviembre de 2009

Post de denuncia

Cómo cambió el clima. No me acostumbro. Hoy tuve una reunión, a las dos de la tarde, y no pensé que se iba a alargar tanto. Para la hora que era fui preparado. Un polóver. Pero se alargó.

Y no sólo que se alargó. Además la semana pasada nos cambiaron la hora, supongo que con el fin ecológico de que gastemos más energía, porque a las seis de la tarde ya es noche oscura. Y serían las seis menos cuarto cuando salí de la reunión.

Completamente al pedo, porque no saqué nada en claro. Creo que ni ellos tenían nada claro. En fin, ya me avisarán, cuando se entiendan.

El caso es que salgo de la oficina de estos boludos y no solo era prácticamente de noche (entré un mediodía espléndido) sino que además hace un frío de cagarse. Cruel.

En general me la banco, pero estaba muy frío, así que me metí en una especie de supermercado pero donde sólo vendían pilcha. Uno de esos que ahora hay por todos lados, no hablo de un lugar extraño. Como si te dijera Hache y Eme, Ce y A, Primarc, uno de esos.

Me mando directamente a los abrigos. No sabía bien qué buscaba, cualquier cosa barata que me abrigara hasta llegar a casa. De golpe veo flor de campera a nueve mangos. Para que te des una idea, te cuento que es el equivalente a tres paquetes de puchos. De los baratos, de malboro o esas marcas chetas son dos. Entre paréntesis, nunca entendí a los que fuman esas marcas chetas.

Entonces me la llevé puesta la campera. Salí todo abrigadito pensando con gratitud en los estupendos niños chinos que trabajan en sótanos terribles ochocientas horas al día, en condiciones infrahumanas para que en occidente la vida no sea tan difícil.

Qué macanudos.