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lunes, 30 de noviembre de 2009

La otra

Aprovechando las bondades del recalentamiento golbal, el viernes a la tarde tomábamos con Nuria una cerveza en uno de los bares de acá abajo, lo más tranquilos, cuando tuve una visión escalofriante.

-Si no estuvieras acá a mi lado- le dije- juraría que venís doblando la esquina, fijate.

Se dio vuelta y se vio ella misma cruzar hacia la rambla y enderezar para nuestro lado. ¡Y fue a encararse! Se levantó y sin perder tiempo fue a encararse derecho viejo.

La incertidumbre no duró más de un minuto, pero la reacción de Nuria me desconcertó bastante.

A mí por suerte nunca me pasó, pero si me viera a mí mismo caminando por la vereda de enfrente jamás se me ocurriría ir a encararme. Ni en pedo. Me haría el boludo. Olímpicamente. Y si -desde la otra óptica- me diera cuenta de que yo mismo vengo caminando hacia mí con ánimo de encararme, saldría corriendo en cualquier dirección, pero jamás me quedaría a ver qué pasa.

Ahí, a diez metros de mi mesa, se estaban saludando. Para mí la situación había dejado de ser lógica desde el momento en que ella decidió no hacerse la boluda. Cuando se levantó de la silla supe que aquello trascendía toda lógica. Y cuando manyé que ella misma pero viniendo de frente la relojeó y en lugar de salir corriendo la saludó con simpatía me dije que aquello era el colmo de la locura.

Ahora se venían acercando a la mesa. Lo razonable era salir corriendo, lo sé. Pero la situación era tan absurda que me quedé ahí mirándolas venir, con mi mejor cara de pelotudo.

Todo iba a aclararse inmediatamente, pero mientras tanto viví un minuto de asombrosa irrealidad. Una irrealidad tan perfectamente ordinaria que el único que parecía darse cuenta era yo. Una irrealidad asombrosa pero exenta de toda magia.

Estuvo bueno.

Por supuesto resultó ser una hermana de Nuria cuya existencia yo ignoraba. Charlaron un rato. Yo hacía como que estaba oyendo la conversación pero en realidad imaginaba una situación bastante más increíble que la que acababa de vivir, una situación en la que aparecían ellas dos, yo y una cama. Naturalmente, estábamos en bolas, pero no quisiera ahondar demasiado en aquello. Lo que sí me gustaría contar es que entonces tuve un pensamiento abrumador: pensé que en la práctica la situación no sería tan interesante como en la teoría. Esta revelación me deprimió bastante, así que le hice un gesto al mozo, que trajo otra ronda.

Después Nuria me contó algunas cosas. Parece que Neus (su doble) hace un par de años que no habla con sus viejos. Se molestaron mucho con ella cuando abandonó al doctor Camino Oreja y arrancó con un pibe medio desaliñádo que hace malabarismo y toca la viola.

Esas cosas del amor.

domingo, 15 de noviembre de 2009

Little Shakespeare

Ayer me contaba Javi que Roberto Gomez Bolaños, antes de ser guionista y actor y quizá productor del Chavo, ya tenía mucho laburo escribiendo obras de teatro y televisión. Me dijo que era un gran dramaturgo. Lo de gran no sé si me lo dijo por el talento o por la cantidad de material.

De ahí el apelativo Chespirito, que viene a ser un diminutivo de Shakespeare.

Me pareció un dato interesante.

A Nuria en cambio no.

jueves, 12 de noviembre de 2009

Televisión II

Y al final la tele se salvó por lo pelos. O más bien porque yo soy un boludo, un tipo incapaz de tomar una determinación tajante. Ahí está, en mi mesita, muerta de risa.

A Nuria la había conocido un par de semanas antes, en la galería de Phillip Raneur. Fue durante la inauguración de una exposición de pintura a la que yo había ido supongo que exclusivamente para ver a Ciriano. No solo su obra, tenía la esperanza de verlo a él.

Alejandro Ciriano es un pintor argentino de nuestra edad que vive en Barcelona desde hace algunos años. Supe de él por un equilibrista, que en los días previos (a lo mejor a raíz de aquella exposición, no me acuerdo), me había hablado de sus cuadros y de su personalidad un poco insólita. A mí me había parecido que sería bueno conocerlo y me mandé a ver sus pinturas. Había cuatro.

Nada que ver con el resto de pintores de la muestra. Eran cuadros muy simples los de Ciriano.

Me gustaron.

Mientras tanto morfaba canapés y escabiaba champán, porque la inauguración venía a todo culo (el que puso la mosca pensaba vender todo, no cabe duda). Y en eso me fijé en Nuria. Creo que ni miró los cuadros. Estaba campaneando todo el tiempo para la puerta, como esperando que llegara alguien. Salía a fumar y volvía a entrar con ese aire de mina enojada que con el tiempo iba a conocerle tan bien.

Me la crucé afuera. Salí a fumar y al ratio ella volvió a asomarse.

-Te noto inquieta- le dije sin mirarla, dándo una última pitada larga al cigarrillo y tirándolo con maestría poco más allá del cordón de la vereda. Entonces me di vuelta para mirarla. Se había quedado petrificada. Fueron unos segundos, probablemente, pero resultaba evidente que mi observación la había descolocado por completo. Y de pronto se rió. Pero se rió de verdad, con toda franqueza; una risa que apenas volví a disfrutar algunas veces desde entonces, cuando está de muy muy buen humor. Estaba más linda que no sé qué.

Yo estaba preocupado porque creí que tendríamos que hablar de pintura, y yo de pintura sé poco. Pero no sería un impedimento para que pudiera chamuyar durante horas si quería levantarme a una mina, pensé.

Pero no. No hizo falta, porque hablamos de cualquier cosa, creo, menos de pintura. Y me di cuenta de que le había caído bien. No digo que me di cuenta de que estaba loca por mí (ni siquiera me di cuenta de que estaba loca, enamorarse de mí podía llegar a parecerme razonable, en aquellos días), sino de que en una de esas había alguna posibilidad.

Y la hubo.

Durante unos días quedamos para tomar algo, entre una cosa y otra, cada uno en sus actividades. Pero nos juntábamos y siempre había algún extraño, como pelotudamente se acostumbra en esos casos. Algún compañero suyo, alguna amiga. Hasta que un día (habrían pasado dos semanas) le dije que salieramos de verdad, a tomar algo y charlar y pasar todo el tiempo que quisiéramos sin tener que interrumpir para hacer nada después, ni siquiera ir para mi casa o la suya. Quedamos a las ocho.

Volví a casa temprano, me pegué una ducha, me volví a afeitar, me serví un whisky a modo de aperitivo y puse a todo volumen una canción de Sabina que me pareció muy apropiada: "Esta noche contigo".

Estaba tan contento de salir con ella esa noche... Después, la salida no estuvo mal: fuimos a comer, paseamos por la noche tranquila, charlamos mucho y nos dimos algunos besos torpes. Después cojimos.

Pero lo más lindo fue la preparación de la noche, esa ilusión enorme, lo bien que me sentía mientras escuchaba a Sabina y tomaba un whisky y pensaba en Nuria.

En todo esto pensaba anoche, mientras hacía el arroz, después de haber grabado mi mensaje en su contestador. Pensé que a lo mejor la mía era una reacción desmedida, pobre. Al fin y al cabo ella pensó (no sé por qué) que a mí podía venirme bien una tele.

Fue un bajón.

Y entonces sonó el timbre. Entró a casa llena de dignidad. No estaba enojada. La noté más bien confundida. No dijo nada. La ayudé a levantar el aparato y se lo pasé, sin darle la opción a que se quedara o a que discutiera, nada, se lo pasé para que se lo llevara de mi casa. Me gustó no verla enojada.

Y me conmovió ver que los ojos se le estaban inundando, de a poco.

Así que le pedí disculpas, vacié otra vez la mesita y le clavé la tele, ahí donde la ves. El potus se lo regalé.

Ella armó un porro. Fumamos los dos (no suelo hacerlo. Ella sí, todo el día). Nos empezamos a reir y a llorar y al final terminamos viendo una serie que se llama "El mentalista" de la cabeza.

Antes de dormirme me dije que un televisor no tiene nada de malo si es capaz de generar afecto entre las personas.

(Lo que no sé es dónde voy a meter los libros).

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Televisión

De dónde sacó Nuria que podía venirme bien un televisor es un enigma. Pero un día apareció con el aparato, convencida de que me solucionaba la vida.

Alquilo un departamento chiquito y soy muy celoso del espacio. Pero no le dije nada. Caché la tele y -agradeciéndole hipócritamente- la puse en un rincón, la pantalla mirando a la pared, no fuera a ser cosa que se le ocurriera prenderla.

Como a la semana pasó por casa y la tele seguía donde yo la había dejado. Es un poco exagerada, ella:

-¿No has encendido la tele en quince días? ¿para qué coño te la he traído?
-Es lo que yo me preguntaba
-Pero, tío, si la tienes en el suelo y del revés ¿cómo se te va a ocurrir encenderla?- preguntó ya con el aparato en brazos y amagando transportarla a una mesita en la que tengo libros y un potus -A ver Gerardo, por favor, que esto pesa. ¡Quítame eso de ahí!

Tuve que sacar mis libros y mi planta para hacerle lugar. Y todo por no querer herirla, tan entusiasmada estaba con la puta tele. Cada día me repito tres o cuatro veces que soy un boludo, pero desde que llegó el televisor me lo digo cada dos minutos. Viene Nuria y lo prende. Aunque no vea nada, ahí está el televisor prendido, molestando permanentemente. Yo me hago el boludo, lo apago y me pongo a hablar con ella, y así aguanta un rato apagado. Pero cuando viene con alguna amiga, lo prenden y se ponen a hablar boludeces, y ya no son solo sus voces las que me aturden, sino también las de los programas de chusmerío que resuenan en la casa, por más que uno intente aislarse. Es que alquilo un departamento chico. Por eso soy tan celoso del espacio.

Ahora me calenté, volví la tele a su rincón y devolví mis libros y mi potus a su lugar. El aparato esperará ahí hasta mañana, que es el día de sacar muebles y electrodomésticos a la calle. Para no portarme como un malagradecido acabo de dejarle un mensaje a Nuria:

"Si querés volver a ver tu televisor pasá por casa antes de mañana a las ocho de la noche. Primer y último aviso".

Con voz terminante, lo grabé.

viernes, 6 de noviembre de 2009

Recetas irracionales

Tremenda descompostura, me agarré. Para mí que fueron las tapitas de marisco que nos tomamos anoche. Estarían en mal estado. Aunque a Nuria se la ve diez puntos. Andá a saber lo que habrá sido. Lo increíble es la solución que me plantean. Me recomiendan "Orujo de Hierbas", una especie de aguardiente, y para peor verde.

-No creo que sea muy bueno para la panza, eso -digo con cierto recelo -lo verde nunca es bueno en casos de descompostura.

-Bébete un chupito y verás lo bien que te hace- insiste Nuria.

-Además debe tener como cuarenta grados de alcohol- me defiendo- No puede ser muy bueno en mi situación.

-¡Anda, bébetelo! Mi padre siempre lo ha bebido cuando estaba mal del estómago- me dice como si eso fuera un argumento irrefutable. Es increíble.

-¡Pero tu padre murió de cáncer de colon a los cuarenta y seis años, boluda!

Cacé el vasito y se lo dejé en el rincón a Mundo, pero tampoco lo quiso. Nuria se calentó.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Fotografía digital

Nuria me regaló una cámara digital. Salen unas fotos bárbaras. Antes era más complicado.

Hace años tuvimos que hacer unas fotos para un folleto, en Buenos Aires; un laburo que consiguió el gringo Dotti. Me acuerdo que me dio una cámara de las antiguas, esas que se desarman todas, le cambias el porongo que tienen adelante, me parece que se le dice "lente"; medio plateada era, creo. O más bien gris.

-¿Sabés usarla?- me preguntó el gringo.

Yo no había sacado una foto en la vida, pero me pareció que era una boludez. Enfocar, apretar el botón y a la mierda. Me pasé la tarde haciendo fotos, las mandé a revelar y al día siguiente las pasé a buscar. Tenía que encontrarme con el gringo para elegir las que nos gustaran.

En el camino las empecé a campanear y me quería morir. Ni una sola foto linda había sacado. Ahí me di cuenta que el gringo sabía una barbaridad de fotografía.

-Boludo, no sé que me pasa en la mano- le dije, dándole el sobre lleno de fotos pésimas para que lo corroborara él mismo- me salieron todas movidas- le adelanté.

El gringo las junaba una por una, desalentado. Cuando terminó las devolvió al sobre, lo tiró arriba de una mesita ratona y me explicó:

-No te pasa nada en la mano, Gerardo. Tenés que cerrar un poco el orturador.

Al principio creí que me quería decir que era un bocón, que no me hubiera hecho el que sabía. Pero enseguida se puso a mostrarme un par de roscas que tenía su máquina, con numeritos y signos.

Ahora estaba tratando de encontrar esas funciones en mi radiante cámara nueva pero no las encontré. Menos mal. La fotografía se ha simplificado mucho en los últimos años. Ahora apretás un botón y te sale una foto de la gran flauta. Además la ves ahí al toque, inmediatamente.

Si no te gusta la borrás y sacás otra.

viernes, 28 de agosto de 2009

Muñelitos

No hay nada tan peligroso como hacer muñelitos de arroz.

Pero están buenísimos con ensalada de tomate.

Además es la única manera de que Nuria se quede a comer en casa. Si no tenemos que salir a morfar por ahí, y así no más se me van por lo menos 50 mangos en morfi, algo completamente innecesario teniendo en la despensa como 3 kilos de arroz.

Me acordé de las invasiones inglesas. Porque no cuesta nada hacerlos. Arroz, cebolla, perejil, y huevo, pero cuando ponés el proyecto en la sartén entran a saltar minúsculas gotas de aceite para todos lados y a velocidades insospechadas. Y mientras maniobrás para dejar armados los bollitos viscosos, tratás de que no se pasen mucho y demás, es imposible escaparles.

Me cagué quemando. Además dejé la cocina hecha un asco.

Por primera vez Nuria tuvo un gesto de compañerismo y después de morfar me dijo:

-Tú has hecho los buñuelos, deja que ya friego yo- haciéndo ademán de levantarse, lo dijo.

Estaba de buen humor, así que no quise anunciarle la catástrofe que encotraría.

-Pará un cachito, tomemos el vino tranquilos, fumemos un pucho y después lavás.

No me hizo caso. Levantó los platos y enderezó para la cocina. Yo cacé mi copa y arranqué inmediatamente para el balcón a fumar un cigarro, para no oír más nada.

Pero no fui del todo rápido. No tardé nada en oír el grito de Nuria:

-¡Ostia puta, Gerardo! ¡¡¿Qué coño has hecho aquí?!!

lunes, 17 de agosto de 2009

Experiencia con putos

Como este es un blog gay friendly (que está todo bien con los putos) no habrá ningún problema en que cuente mi experiencia de hoy.

Yo me estaba tomando un café para hacer tiempo en el bar de un hotel bastante paquete porque había quedado con un boludo (que al final no apareció) para proponerle un poyecto, es decir, que me financiara un proyecto.

De golpe entran dos quías, uno de ellos enloquecido con el diseño del hotel.

-Ah, no, perdoname- le dice al otro- yo me voy a tomar un cortado acá.

Se sentaron en la barra, al lado mío, y me dieron conversa; así que se avivaron enseguida de que éramos compatriotas.

Muy macanudos los locos, arquitectos residentes en Madrid que habían venido a pasear a Barcelona y a campanear la arquitectura de la cuidad.

Creo que eran de Martinez o de Olivos, de zona norte.

Estuvimos un rato charlando amigablemente (yo siempre fuí bastante gay friendly) mientras me daba cuenta de que este boludo al que estaba esperando no iba a venir.

Uno de ellos era un pibe normal. El otro me parece que exageraba un poco.

Charlando así de todo un poco, el más puto me pregunta por dónde podían salir a divertirse.

-Yo qué sé- les dije.

-Pero vos vivís acá, tenés que saber.

-Sí, vivo acá pero no salgo mucho. Soy muy aburrido.

-Pero algún boliche tenés que conocer, algún boliche...-hizo una pausa- ...gay.

-Ya, no hacía falta la aclaración; pero no tengo idea.

Lo gracioso era era que el otro, el menos puto, le decía "dejá, no sabe" como que no le copaba que a éste se le notara tanto.

Bueno, me contaron dónde vivían en Madrid (en Chueca, claro), me dieron sus direcciones de e-mail y me dijeron que no dejara de avisar cuando fuera a Madrid.

Cuando se iban, el más puto se da vuelta y me bate:

-Sos un bombón. Mi marido está acá al lado mío pero igual te lo digo, sos un bombón.

Yo me reía. Su marido también. Pero me quedé pensando que, de no mejorar mi relación con Nuria, en cualquier momento no sé si me doy a la humillante situación de dejarme sodomizar por un puto de La Lucila.

domingo, 16 de agosto de 2009

Desinteligencias en el equipo

El viernes Nuria recibió un paquete de Acer destinado a mi persona, lo supe gracias al siguiente mensaje que encontré en mi contestador:

"Gilipollas, tengo tu puto ordenata. Llamaron a mi puerta a las nueve de la mañana. Te felicito, capullo."

Un mensaje circular o cíclico que hubiera hecho las delicias de Borges, reconocí en seguida. Pueden leerse las oraciones en cualquier orden sin que el párrafo pierda sentido. Y para mayor fortuna, abre y cierra con un insulto formidable a este servidor. Lo que más me importaba, en realidad, era la compu.

Por cuestiones de tiempo (mucho laburo) no pude ocuparme del tema hasta hoy, cuando Nuria casi me tira la puerta abajo no a las nueve de la mañana pero sí sobre el mediodía. Naturalmente estaba durmiendo.

-¿Estabas durmiendo?

-No, no; pasá -le dije sacándome una lagaña que parecía una lasaña, tras haberme asegurado de que traía consigo el paquete. ¿-Querés un café?

-El bar está cerrado, Gerardo, hoy es domingo.

-Lo hacemos acá, no te preocupes. Ahí en la cocina está todo lo necesario, hacé la caridad así yo me ocupo de esto- le pedí, mientras desembolvía cuatro o cinco vueltas de un nylon negro con el que venía cubierto el embalaje original.

Cuál no sería mi estupor cuando leo, antes de abrir la caja, el parte de reparción.

Una cosa que me revienta más que ninguna otra es la estupidez humana. La Estupidez Humana, sí señor. Especialmente la de aquellos que deberían tener dos dedos de frente.

En la descripción del problema yo había dejado muy en claro que era de la placa de sonido. Era lo único que había que tocar, ya que el resto funcionaba a la perfección.

El parte de reparación, firmado por un técnico capaz de ignorar que su nombre y su apellido se escriben con acento (Hernan Garcia) informaba:

"Se ha cambiado la placa base del equipo y se ha hecho un recovery del sistema. Funciona correctamente."

"Mientras no intentes grabar audio", se olvidaron de poner. Es decir, funciona igual que antes de la reparación, correctamente mientras no intentes grabar audio. Hemos perdido el tiempo. Todos. Yo desde el momento en que me senté a escribir una clara descripción del problema que nadie leería. El empleado de la empresa de transporte que estuvo tocando el timbre como quince minutos hasta que me levantara a abrirle. El técnico que no recibió el informe que con tanto esmero había redactado unos días antes. Otra vez el empleado que tuvo que vivir la misma situación que cuando vino a llevarse el aparato pero esta vez en casa de Nuria. Yo sin mi compu durante algunos días. TODOS PERDIENDO EL TIEMPO CON ALEGRÍA. No mucho, es cierto, ya que la gestión fue tan rápida como inútil, apenas demoró unos días. Unos días de vueltas al reverendo pedo.

Iba a dejarlo pasar pero leo al final del parte que "nuestro objetivo [de Acer] es la plena satisfacción de nuestros clientes en cuanto al servicio de reparación recibido. En el caso de que tenga alguna pregunta, cuestión o sugerencia sobre cualquier proceso de la reparación, o bien considere que no ha recibido una solución satisfactoria a su problema, por favor no dude en contactar con nosotros por e-mail o bien etc. etc. etc." (el subrayado es mío).

Así que tuve que informar de mi pequeño desengaño. Les conté esto que te cuento ahora en un e-mail que empezaba así:

Compruebo con desazón que no conseguimos entendernos.

Después me explayé.

Por supuesto Nuria se aburrió temprano de mi mal humor y me dejó escribiendo solo.

miércoles, 12 de agosto de 2009

Un gesto de confianza

En lugar de tomarlo como un gesto de enorme cariño y confianza, que es lo que era, Nuria lo tomó como una muestra más de mi vagancia y comodidad.

Parece que los de acer la están volviendo loca con preguntas cuya respuesta ignora, y no tiene mejor idea que descargarse conmigo:

-¿Pero tu eres gilipollas?

-Cada día te entiendo menos, Nuria.

-A ver, Gerardo, coño: por qué les has dado mi número de teléfono, pero si no tengo idea por lo que me están llamando, coño.

-coño coño coño les di tu número, coño, porque creí que éramos una pareja; que es lo que me estás reclamando desde que te conozco, coño; que no pienso en pareja. Y menos mal que no lo había hecho hasta ahora. Coño.

-Y todavía me tomas por estúpida, coño. Les diste mi número porque sabías que te iban a llamar por la mañana, coño.

Intenté explicarle que sólo quería que se sintiera más parte de mi vida, que no había sido fácil escribir "o su señora" en los mensajes, después de mi nombre. Pero enseguida me di cuenta que era en vano. Y que además ella tenía un poco de razón. Es que me revienta que me despierte el teléfono.

lunes, 3 de agosto de 2009

el café, broche de oro

Dispuesto a reconciliarme con el prójimo antes de meterla en la cama, tal como enseña la Escritura; le propuse a Nuria que se quedara a cenar.

-Es que ya he comido paella al mediodía.

-¿?

-Que no quiero comer arroz de nuevo.

-Por gozar de tu compañía soy muy capaz de cambiar el menú por esta noche- dije con simpatía, y me puse manos a la obra. Como le iba a hacer a Mundo sus fideos con huevo duro, tripliqué la ración de pasta y preparé un tuquito de salchicha parrillera que con sólo sentirle el olor ya alimentaba. Puse la mesa muy bien puesta, los cubiertos paquetones y copas altas para el vino (un Bordeaux del setenta y cuatro que resultó ser una cagada).

-Solo faltan las velas- dijo Nuria, contenta.

-No, no falta nada- corregí, sacando de la galera una que nos fumamos a modo de aperitivo.

Desde que me propuse reconciliarme con ella me había invadido un buen humor extraordinario, no muy habitual en nuestra relación, una sensación muy agradable, como de que nada podría estropear ese momento.

Comimos lentamente, divertidos, charlando. Sobre el final repartí el último culito de vino en las dos copas y con toda discreción, no quería apurarla, le pregunté si había terminado.

-Sí- me dijo.

Levanté los platos con diligencia, como cuadra a un caballero. Había terminado. Su plato lleno de cachitos de salchica parrillera, cebolla, finas láminas de ajo... ¡Era para matarla! Había dejado lo mejor ahí en el plato, pero no le dije nada. En realidad sí que le dije.

-¿Querés café?- le dije.

-Venga, va, me tomo un cafelito.

-Acá abajo hay un bar. Metele antes que cierre. Yo estoy un poco cansado- le dije- y el café... ya sabés.

sábado, 1 de agosto de 2009

dialoguito

No sé para qué le abro la puerta a esta mina. No hace más que insultarme.

-Pero qué te pasa, tío ¿no le hemos hablado ya? Dime qué coño te pasa. No llamas, no das señales ¡tengo que venir a buscarte para saber de tí!

-Tengo un montón de trabajo atrasado, Nuria, pensé en llamarte para que me acompañaras un rato pero me acordé de Mundo.

-¿Qué le pasa a tu perro?

-No le pasa nada, me acordé que no te gusta que esté en casa, que te da asco o no sé qué.

-Te lo he dicho para que te deshicieras del perro, no de mí, capullo.

domingo, 26 de julio de 2009

El poder del mate

Nuria entró y no hacía falta ser demasiado listo para darse cuenta que estaba bastante molesta.

Dijo que hace una semana que no sabe nada de mí. Yo creía que la había visto hace un par de días, pero no tenía ganas de discutir, así que le di un mate. Que no podía ser que no diera señales de vida, dijo. Que no la llamé, que con quién coño creía yo que estaba tratando.

Dijo que así la relación no podía funcionar. Y que le daba mucha bronca tener que venir ella a arreglar las cosas. Y descubrir sus sentimientos frente a un gilipollas al que no se le mueve un pelo. Lo que más bronca le daba era mi indiferencia, mi apatía, dijo, "¡ahí chupando esa pajita mientras yo te muestro el alma!".

Dijo que en estos momentos tenía ganas de matarme.

Yo le pasé otro mate.

Después cogimos.