No hay nada tan peligroso como hacer muñelitos de arroz.
Pero están buenísimos con ensalada de tomate.
Además es la única manera de que Nuria se quede a comer en casa. Si no tenemos que salir a morfar por ahí, y así no más se me van por lo menos 50 mangos en morfi, algo completamente innecesario teniendo en la despensa como 3 kilos de arroz.
Me acordé de las invasiones inglesas. Porque no cuesta nada hacerlos. Arroz, cebolla, perejil, y huevo, pero cuando ponés el proyecto en la sartén entran a saltar minúsculas gotas de aceite para todos lados y a velocidades insospechadas. Y mientras maniobrás para dejar armados los bollitos viscosos, tratás de que no se pasen mucho y demás, es imposible escaparles.
Me cagué quemando. Además dejé la cocina hecha un asco.
Por primera vez Nuria tuvo un gesto de compañerismo y después de morfar me dijo:
-Tú has hecho los buñuelos, deja que ya friego yo- haciéndo ademán de levantarse, lo dijo.
Estaba de buen humor, así que no quise anunciarle la catástrofe que encotraría.
-Pará un cachito, tomemos el vino tranquilos, fumemos un pucho y después lavás.
No me hizo caso. Levantó los platos y enderezó para la cocina. Yo cacé mi copa y arranqué inmediatamente para el balcón a fumar un cigarro, para no oír más nada.
Pero no fui del todo rápido. No tardé nada en oír el grito de Nuria:
-¡Ostia puta, Gerardo! ¡¡¿Qué coño has hecho aquí?!!
FANTASMAS
Hace 11 años

¡buñuelitos de arroz! Gracias, Gerardo, me acuerdo que me encantaban de chico y -por esas cosas de la vida- los tenía completamente olvidados.
ResponderEliminarLeer el post fue reencontrarme con mi adolescencia, comiendo apurado unos buñuelitos con tomate sobre las doce antes de salir para el cole.
Anoche me aventuré a la tarea de prepararlos y sepa que es compartida la impresión de que se trata de una de las actividades más peligrosas de la vida contemporánea.
Saludos desde abajo de la cama.