Esta tarde viví un momento conmovedor. Voy a contarlo, pero es necesario que antes les de par de nociones.
Como soy un tipo de pocos gastos, puedo darme el lujo de trabajar esporádicamente. Modus vivendi: me endeudo, me dan un laburito, lo cobro, pago las deudas, tiro un tiempito, cuando se acaba me endeudo, y vuelta a empezar.
Cuando tengo trabajo, procuro compartir mínimamente mis ganancias con algunos que no las tienen. En otra época eran tantos los menesterosos que elegía alguno particularmente perjudicado (uno que le faltaban las dos gambas, en concreto) y cada tarde, cuando lo veía en su puesto de guardia, siempre el mismo, le habilitaba un par de mangos y él me regalaba una piedrita, cada día una de distinto color.
Últimamente, como me muevo más bien por el barrio, apenas me encuentro con una señora mayor de Rumania que se ubica en la puerta de un supermercado del barrio. La veo una vez por semana, que es cuando voy al súper, y cuando la veo le dejo una moneda.
Esta tarde venía medio preocupado porque me surgieron unos gastos imprevistos. Hice las compras con mucho más cuidado de lo habitual (sólo compré arroz y una caja de seis helados), y al salir del super, olvidado ya de esta señora rumana, la veo ahí sentada, apoyada contra la pared, intentando aprovechar un pedacito inútil de sombra que le daba una rama, pero muerta de calor, pobre, hoy hicieron como cuarenta grados.
Por momentos me ilumino: Abrí la mochila, saqué la caja de helados y le habilité uno. ¡No sabés qué contenta se puso la vieja! Estaba feliz. Y yo también. Me fuí caminando para la esquina (aproveché que ya tenía la caja en la mano y también me pelé un helado) con una emoción lindísima, me hice el boludo y me di vuelta para campanear a la jovata. Ya se estaba lastrando el helado con una sonrisa de oreja a oreja ¡parecía un gurís chico la vieja, chocha de la vida con su helado!
Y yo también con el mío.
FANTASMAS
Hace 11 años

No hay comentarios:
Publicar un comentario