Aprovechando las bondades del recalentamiento golbal, el viernes a la tarde tomábamos con Nuria una cerveza en uno de los bares de acá abajo, lo más tranquilos, cuando tuve una visión escalofriante.
-Si no estuvieras acá a mi lado- le dije- juraría que venís doblando la esquina, fijate.
Se dio vuelta y se vio ella misma cruzar hacia la rambla y enderezar para nuestro lado. ¡Y fue a encararse! Se levantó y sin perder tiempo fue a encararse derecho viejo.
La incertidumbre no duró más de un minuto, pero la reacción de Nuria me desconcertó bastante.
A mí por suerte nunca me pasó, pero si me viera a mí mismo caminando por la vereda de enfrente jamás se me ocurriría ir a encararme. Ni en pedo. Me haría el boludo. Olímpicamente. Y si -desde la otra óptica- me diera cuenta de que yo mismo vengo caminando hacia mí con ánimo de encararme, saldría corriendo en cualquier dirección, pero jamás me quedaría a ver qué pasa.
Ahí, a diez metros de mi mesa, se estaban saludando. Para mí la situación había dejado de ser lógica desde el momento en que ella decidió no hacerse la boluda. Cuando se levantó de la silla supe que aquello trascendía toda lógica. Y cuando manyé que ella misma pero viniendo de frente la relojeó y en lugar de salir corriendo la saludó con simpatía me dije que aquello era el colmo de la locura.
Ahora se venían acercando a la mesa. Lo razonable era salir corriendo, lo sé. Pero la situación era tan absurda que me quedé ahí mirándolas venir, con mi mejor cara de pelotudo.
Todo iba a aclararse inmediatamente, pero mientras tanto viví un minuto de asombrosa irrealidad. Una irrealidad tan perfectamente ordinaria que el único que parecía darse cuenta era yo. Una irrealidad asombrosa pero exenta de toda magia.
Estuvo bueno.
Por supuesto resultó ser una hermana de Nuria cuya existencia yo ignoraba. Charlaron un rato. Yo hacía como que estaba oyendo la conversación pero en realidad imaginaba una situación bastante más increíble que la que acababa de vivir, una situación en la que aparecían ellas dos, yo y una cama. Naturalmente, estábamos en bolas, pero no quisiera ahondar demasiado en aquello. Lo que sí me gustaría contar es que entonces tuve un pensamiento abrumador: pensé que en la práctica la situación no sería tan interesante como en la teoría. Esta revelación me deprimió bastante, así que le hice un gesto al mozo, que trajo otra ronda.
Después Nuria me contó algunas cosas. Parece que Neus (su doble) hace un par de años que no habla con sus viejos. Se molestaron mucho con ella cuando abandonó al doctor Camino Oreja y arrancó con un pibe medio desaliñádo que hace malabarismo y toca la viola.
Esas cosas del amor.
FANTASMAS
Hace 11 años
