Una semana atrás del electricista. Tenía que hacer una revisión de la instalación y un boletín para presentar en la compañía de luz y poder hacer el cambio de titular del contrato, porque el dueño del piso ya no nos acompaña. Quiero decir que cagó la fruna.
Lo llamo el miércoles, me dice que el jueves pasa a la tarde. Me quedé esperándolo pero no apareció. Me llamó el viernes a la mañana para decirme que pasaba al mediodía. Me quedé esperándolo. Sobre las 19 hs me llama. Que se le había complicado. Quedamos para el sábado, pero no apareció. El domingo lo desconté. El lunes yo no podía estar en casa, así que le dije que pasara el martes. A las 15 hs, me dijo. Pero me llamó como a las nueve de la noche para decirme que venía el miércoles. Le dije que no.
-Dejá, flaco- le dije -mejor no vengas un carajo.
-Mañana a primera hora estoy ahí.
-No, flaco, olvidate. No vengas.
-Mañana sin falta.
-Te estoy diciendo que no vengas porque ya le encargué el trabajo a otro electricista. Me pareció que estabas muy atareado y me dio por la justicia poética. Repartir el trabajo en épocas de escasez ¿qué te parodi? Ahora podés terminar tranquilo con tus trabajitos y el otro electricista también pellizca algo.
-Iré mañana a primera hora.
-¿En qué idioma te lo tengo que decir? ¡No te necesito! ¡¡No vengas!!- le grité y corté.
A la noche le comenté a Nuria lo mal que me había ido con este tipo y aproveché para pedirle el número de otro electricista. Buscó en el teléfono y me dio el del suyo, según ella muy responsable. Como me jodió escuchar esa frase de una mina de veintipocos años.
Se quedó a dormir.
Esta mañana, ¡a eso de las 08:00! empezaron a tocar el timbre con insistencia. Con demasiada insistencia.
-¿Pero quién coño toca los cojones?- se interesó en saber Nuria, desperezándose.
-No te puedo creer- me lamenté mientras despertaba -debe ser el electricista. Es increíble. Debería haberle dicho que no viniera desde el primer día.
Me levanté, prendí la cafetera, fui a mear, llené un balde grande de agua y el timbre seguía sonando infatigablemente.
-Pero Gerardo, coño ¿por qué no lo coges? ¡Contéstale de una puta vez!- aconsejó Nuria desde la cama.
No le hice caso. En cambio salí sigilosamente al balcón con el balde de agua y, agachado para que no me junara, se lo vacié al electricista en la cabeza. No jodió más.
Al rato llamé al número que me había dado Nuria.
-Hola, ¿es el electricista?
-Sí, señor, dígame.
-Bien, lo llamo para que no venga; anote la dirección...
FANTASMAS
Hace 11 años

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