sábado, 20 de febrero de 2010

Virtual A3

Por fin un anuncio como la gente.

Algo que no soporto de acá es la publicidad. En realidad no me gusta en ningún lado, pero si no hay más remedio, al menos que traten de venderte algo con un mínimo de creatividad y simpatía.

Las propagandas que más me enferman (y que gozan de muy buena salud, lamentablemente) son esas construidas en forma de diálogos imposibles en las que dos amigos se encuentran y uno muy pelotudo le empieza a preguntar al otro, también muy pelotudo pero (supuestamente) más en tema sobre la tarifa de teléfono o de internet o de lo que sea. Y el otro le explica a veces hasta por teléfono, repitiendo inecesariamente cada cuatro palabras el nombre del producto a vender, sin ton ni son.

Algo tremendo. (Otros anuncios infumables son los de telefónica, esos con letreros que van cambiando al ritmo absurdo de canciones concebidas para mí que por un mono, un mono que además intentara cantar la letra de Sympathy for the devil en la melodía del Payaso Plimplín, por ejemplo, cortando o estirando las sílabas con resultados siempre lamentabes: "el-al-ta-de-li-nea_gra-ti-ís-é-és"). No sólo hay gente que desarrolla este tipo de laburos, sino que además hay otros que lo aprueban y otros que pagan millones para que se distribuya por todos los canales de todo el país.

Algo que está muy por encima de mi entendimiento.

Por eso celebro cuando de pedo veo en la tele un anuncio como el del Audi A3, decime si no está bien.

lunes, 15 de febrero de 2010

Una cosa menos

Hará un par de meses empecé un trámite en la otra punta de la ciudad. Cuando volvía, a unas ocho cuadras de casa, hice cagar la bicicleta.

Por suerte estaba llegando, ya, así que no me calenté mucho. Pasaron unos días y la mandé a arreglar.

La bici la había comprado hará un par de años, y hace uno le había tenido que hacer un arreglo que me costó el 20 % de su valor.

Esta vez el arreglo valió el 80%. Me dije que la próxima vez que se rompiera la tiraba a la mierda. Con que durara al menos otro año me daba por hecho.

Y esta mañana me levanto al alba, porque debía terminar el trámite del que hablé al prinicipio, tenía hora a las 8:30 en la otra punta de la cuidad, salgo tempranito, un frío de cagarse, voy a buscar la bici y me la habían choreado: los dos candados cortados en el suelo.

Por suerte al lado había una del bicing suelta, así que la cacé y me fuí hasta Zona Franca.

No me amargué en absoluto por el choreo, más bien al contrario.

Una cosa menos de que ocuparme.

(El trámite era para canjear el carnet de conducir, aunque no tengo ningún interés en comprar un auto)