Parece mentira que una sociedad que se supone civilizada tolere los métodos de trabajo del "butanero".
No se puede creer, loco.
El tipo a las nueve de la matina deja el mionca en una esquina y arranca su recorrida a pié por las calles del barrio con un carrito lleno de garrafas (o bombonas, como las llaman).
El problema es que va dándoles golpes cada quince segundos con una pinza tipo "pico de loro". Le da con todo, el hijo de puta. Va haciendo un quilombo que lo querés matar. Si fueran cinco minutos no pasa nada, pero se la pasan hasta las cinco de la tarde los culiados.
Los sábados también.
Para peor ayer tuve que ir a diversos lugares del barrio y parecía que el conchudo me venía siguiendo. Salía de la ferretería y ahí estaba el butanero haciendo quilombo. Me meto estratégicamente en el café, para perderlo, salgo, hago media cuadra y otra vez. Arranco para atrás, renuncio al Mercadona en beneficio del Condis sólo para perderlo de vista (y oídos). Y vos sabés que salgo del súper y ahí está el hijo de puta, tocando la garrafa a todo trapo.
A lo mejor era otro, son todos muy parecidos (vienen de Paquistán). Pero me resulta increíble.
Para peor no reparan en la gente de su alrededor. Te pasan por al lado y se ponen a golpear la garrafa.
-A que te doy una hostia...- le dije con tono firme haciendo un gesto de revés con la derecha; y todavía se lo toma a mal.
Parece mentira que una sociedad que se supone civilizada no les haya obligado por ley a gritar, tan sólo en las esquinas un pregón del estilo:
-Buuutanerooooooooooooooooo