(viene del anterior, pero merece una página aparte)
Al rato el mate parecía no ser suficiente, así que nos bajamos a uno de los bares de la rambla.
El camarero recibió al equilibrista afectuosamente pero sin ocultar cierta preocupación:
-¿Qué le pasó?- preguntó implicado. Sin duda la pregunta la motivaba el vendaje que llevaba mi amigo en la frente.
-Nada- dijo el equilibrista, un poco sorprendido por la pregunta- soy así.

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