Para mí una de las cosas más estresantes del mundo es hacer un regalo. Nunca se me ocurre nada piola, me estrujo el mate pensando y nada.
Pero hace unos días me iluminé y decidí el regalo de Nuria para Navidad: unos patines.
Me pareció un regalo re piola: la estimulo a hacer deporte y además de un modo re cool ¿no? ¡Me encanta toda esa gente moderna que va por la vida patinando!
Tanto es así que le regalé los patines y me quedé manija. Se los regalé el 24 a la noche y el 25 me quedé maquinando, maquinando y resolví comprarme unos para mí también, qué tanto.
Pero el 25 estaba todo cerrado. Y el 26 también, porque es San Esteban, un santo al que nadie la ha dado nunca la menor importancia, donde yo vivía, pero acá en Barcelona es más importante que Navidad.
El 27 era domingo, así que me quedé manijísima todo el fin de semana.
Pero ayer fui corriendo a comprarme mis patines. Es más difícil de lo que creía, pero está bueno. Cansa bastante, te diré. Pero creo que eso es hasta que le agarre la mano, porque yo veo como va la gente patinando y ni transpiran los fenómenos. Una monada.
Ayer los usé un ratito, y hoy salí a andar a lo loco, me pasé unas cuántas horas andando por la ciudad. Ya me estoy haciendo un método. Va bastante bien, eh. Ando volando ya.
Lo que sí me siento medio puto. Pero me da igual.
Para el año que viene estoy lleno de incertidumbres, pero tengo una certeza.
Voy a ser mucho más puto, eso seguro.
¡Feliz año nuevo, amigos!
FANTASMAS
Hace 11 años
