En el momento tremendo en que uno empieza a sentirse viejo y fracasado, cuando asume sinceramente su condición irreversible y decide no calentarse mucho, vienen los gallegos a contarte todo lo contrario:
-¡Sos Gardel!- te gritan con inverosimilitud las estadísticas más confiables.
Y te lo confirman en el día a día los que no han sabido fracasar con altura: los que tiran de los créditos para comprar boludeces, los que hipotecan el alma para cambiar el auto cada dos años, los que ganan un mango y gastan dos, y tiran de sus familias para llegar a fin de mes.
Aparentemente acá, en estas tierras, Gerardo Sanagoria, que se acerca de a poco pero peligrosamente a los cuarenta, soltero, sin trabajo fijo ni ocupación sospechada aunque aceptable violinista y dramaturgo excepcional, aficionado a las artes y a los copetines, paciente de insomnio y otras patologías nerológicas, es ni más ni menos que -no te lo pierdas- un JOVEN EMPRENDEDOR y hasta GANADOR.
Lo de "joven" viene de que en España, único lugar del mundo en el que -imagino- ocurre, la juventud dura hasta los cuarenta. Lo de "emprendedor" se debe a que ya no dependo económicamente de mis padres (situación que por lo visto aquí no se da antes de los setenta y cinco años). Lo de "ganador" es aún más confuso. En tiempos de crisis supongo que cualquiera que más o menos vaya zafando merece ese calificativo.
Menos mal que existe España. Acá logran que cualquiera que esté al borde del suicidio consiga sentirse todo un ejemplo.